Friday, February 29, 2008

Rizos


Malos momentos

Hace más o menos un mes la madre de uno de mis alumnos me preguntó si quería que me rizara el pelo gratis. Está estudiando peluquería. Yo llevaba el pelo muy corto y le dije que si me lo rizaba quedaría un poco raro. Ella dijo que quedaría bien, fue insistente. Así que concerté la cita, a regañadientes. Era el viernes pasado. Estuve a punto a de cancelar. Fue uno de esos momentos que lamentas haber desaprovechado.

Llegué al sitio a las 9 de la mañana, y resultó que por fortuna tenía mucha resaca. Pensé que la madre iba a rizarme el pelo, pensé que era un favor para ayudarla a aprender. Pero no fue así. Me dejó en manos de una chica de 17 años que tenía mal aliento y una actitud todavía peor. La jefa le dijo que rizase mi pelo enrollando el pelo hacia atrás en los rulos en vez de hacerlo hacia delante. Por alguna insondable razón esto le resultaba extremadamente difícil.

Tuve que aguantar sus quejas y su mal aliento durante dos horas de tortura mientras estiraba y rascaba y prácticamente intentaba arrancarme la cabeza. La resaca me entumecía lo suficiente como para soportar el ataque a mi cabeza, mis orejas y mi nariz. Una campana sonó en alguna parte y todas las otras peluqueras recogieron sus cosas y me quedé sola con la reina del drama adolescente. Me mandó que fuera al lavabo donde lanzó chorros de productos químicos al azar sobre mi pelo, que después frotó con aspereza. Gracias a la naturaleza imprecisa de la aplicación mis orejas y mi cara también recibieron un baño químico.

Después me dejó en el lavabo treinta minutos, durante los que escuché las quejas de una peluquera hambrienta y maltratada por la vida que había tenido que aprender a hacer rizos al revés y que había perdido quince minutos de su descanso matinal. Después lavó los productos químicos de mi pelo, me quitó los rulos, puso otro producto químico y me trasladó a otra habitación, en la que me quedé treinta minutos sola y preguntándome qué estaba pasando.

Llegó un grupo de estudiantes de peluquería. Todas me miraban como si yo fuera un espécimen en el zoo. Caminaban con aire ocupado, preparaban sus cinturones cargados de herramientas, reivindicaban cuál era su espejo. Sus víctimas llegaron lentamente. Una chica vino y empezó a limpiar el segundo lote de productos químicos de mi cabeza. La hora de la verdad había llegado cuando me sentó frente a un espejo y empezó a secarme el pelo, dirigiendo el secador a todas partes menos a mi cabeza. Finalmente conseguí ver los resultados de los rulos y los productos químicos y los minutos y no estaba contenta. Quería estar en cualquier lugar menos frente a ese espejo. Quería escapar. Le pedí que parase. Estaba a punto de ponerme de pie cuando llegó la madre.

“Oh, qué cambio.” Sonrió. Me atusó el pelo. “Sabes que te vendría bien un corte.” Le dije que no tenía tiempo; hacía media hora que tendría que haber llegado a clase. Intentó insistir en que me quedase. Ni de coña me iba a quedar después de ver mi reflejo en el espejo. Me fui, no antes de que me preguntase qué pensaba. Mi respuesta fue: “Parezco una oveja”. Cogí el autobús y fui directamente a ver a mi peluquera. Cuando me quité la gorra se quedó boquiabierta. Alisó temporalmente el pelo y me dijo que volviera en una semana; mi pobre pelo necesitaba un descanso. Hoy hemos decidido cortarlo, ha tenido que cortarme casi todo el pelo. Afortunadamente es pelo, y va a crecer.

Bad moments

About a month ago the mother of one of my students asked me if I wanted to have my hair curled for free. She is training to be a hairdresser. I had very short hair and told her that it would look a bit funny if it was curled. She said it would look nice and was insistent. So I made the appointment, with trepidation. That was last Friday. I nearly called to cancel - moments you wish you had taken advantage of.

I arrived at the place at 9am, as it turned out, luckily very hung over. I thought the mother was going to be curling my hair, I thought it was a favour to help her learn. It turns out it wasn’t. I was left in the hands of a 17 year old with bad breath and a worse attitude. She was told by the head of the salon to curl my hair rolling the hair backwards in the curlers instead of forwards. For some unfathomable reason this was extremely difficult for her.

I had to endure her complaints and bad breath for two torturous hours as she pulled and scratched and just about yanked my head off. My hangover numbed me just about sufficiently to withstand the attack on my head, my ears and my nose. A bell sounded somewhere and all the other hairdressers packed up, I was left alone with the teenage drama queen. I was ordered to the basin where I had the permanent chemicals squirted haphazardly on my hair and rubbed in roughly. Due to the imprecise nature of the application my ears and face also got a chemical bath.

I was then left at the sink for 30 minutes listening to the complaints of a hungry, hard done by trainee hairdresser who had had to learn how to do curls backwards and who had lost 15 minutes of her morning tea break. Then the chemical was washed out of my hair, the curlers taken out, another chemical put on and I was moved to another room and left alone for 30 minutes wondering what was going on.

A bunch of trainee hair cutters arrived. They all looked at me like I was a specimen in the zoo. They bustled around preparing their tool belts and claiming their mirrors. Slowly their victims filed in. A girl arrived and started washing out the second lot of chemicals from my hair. The moment of truth had arrived as she sat me down at a mirror and started blow drying my hair, directing the blow-dryer everywhere but my head. I finally got to see the results of the curlers and the chemicals and the minutes and I was not happy. I wanted to be anywhere but in front of a mirror. I wanted to escape. I asked her to stop. Then just as I was about to stand up the mother arrived.

“Ohhh, what a change”. She smiled. She fluffed my hair. “You know you could do with a cut”. I said I didn’t have time; I had to be at a class half an hour earlier. She tried to insist that I stay. No fucking way was I going to stay after seeing my reflection in the mirror. I left, not before she asked me what I thought, “I look like a sheep” was my response. I caught the bus and went straight to my hairdresser. When I removed my hat she gasped in shock. She straightened it temporarily and told me to come back in a week; my poor hair needed a rest. Today we decided to cut it, she had to cut practically all my hair off. Luckily it is hair, it will grow.

6 comments:

LA NEGACIÓN DE MARÍA said...

What a pity !

¿ Es así como se dice en Inglés ?
Me he tomado la libertad de enlazarte en mi blog

Un saludo

http://desdeldesvan.blogia.com

Mariano Ibeas

Pippi Tetley said...

Si lo has dicho perfecto! Mi gusta tu blog, las fotos son bonitas.

Un saludo

Pippi

ana m. said...

seguro que estás guapa, pip!

Pippi Tetley said...

Meh,pero gracias Ana.

Besos

Pip

Loop said...

Espero que recuperes pronto tu pelo y tu color natural.Que crezca fuerte.

Sara said...

Creo que siempre tenemos que tener cuidado con estas cosas cuando pensamos en mezclarlas con la ropa, espero que siempre tengamos el sentido de estetica amplio que es el que uno siempr ebusca cuando esta comprando ropa por mayor en Buenos Aires